José Luis Urteaga no habla de límites. Habla de desafíos. De caminos que se transforman. De volver a empezar. A los 62 años, el atleta no vidente de Necochea anunció su intención de regresar a la competencia y, al mismo tiempo, llevar su historia a escuelas y espacios de formación como ejemplo de superación.
“Quiero volver a correr y transmitir mi experiencia. Es una etapa nueva en mi vida”, expresó.

De la adversidad al deporte
Urteaga perdió la visión de manera progresiva debido a una enfermedad llamada retinosis. A los 15 años ya enfrentaba dificultades importantes, y con el tiempo la pérdida fue total.
“Lo bueno fue que no fue abrupto. Me fui preparando psicológicamente para lo que venía”, explicó.
Ese proceso lo obligó a reacomodar su vida, dejar su rutina anterior y buscar nuevos caminos. Fue en Necochea —a donde llegó en 1997 en busca de un cambio— donde encontró una oportunidad.
El comienzo inesperado
Su vínculo con el atletismo nació casi por casualidad, tras insistir en participar en una carrera de 9 kilómetros cuando solo le ofrecían caminar 3.
“Me pusieron con un guía, corrí con una soguita y cuando llegué sentí algo que me cambió la vida. Perdí el miedo”, recordó.
Desde ese momento, el deporte se convirtió en su motor.
Una trayectoria marcada por el esfuerzo
Entre 2001 y 2017 compitió de manera ininterrumpida, representando a Necochea en distintas carreras del país. Participó en pruebas de 5, 10, 21 y 42 kilómetros, acumulando una extensa experiencia.
Corrió 17 maratones completas y más de 30 medias maratones.
Además, integró el equipo “Los Linces”, un grupo de atletas no videntes que ganó reconocimiento nacional tras competir en la exigente carrera de 100 kilómetros por la Ruta de los Siete Lagos.
El sueño internacional
Uno de los momentos más destacados de su carrera fue la Maratón de Nueva York en 2013.
“Allí corrían 50.000 personas. Llegué en el puesto 2000 y fui segundo entre los atletas no videntes. Fue inolvidable”, relató.
También representó al país en competencias internacionales, incluyendo los Juegos Paralímpicos de 2003.
El valor del acompañamiento
Urteaga destacó el rol clave de sus guías, entrenadores y la comunidad.
“El deporte me dio amigos, me dio oportunidades y también me permitió ayudar a mi familia. Para mí correr era un trabajo”, aseguró.
También remarcó el apoyo de los medios locales, que visibilizaron su historia y facilitaron el acceso a sponsors para competir.
Un nuevo comienzo
Tras varios años alejado de la competencia, ahora busca regresar. Su objetivo inmediato es correr en Mar del Plata en abril y en Tandil en mayo.
Pero su proyecto va más allá del deporte.
“Quiero dar charlas en escuelas y empresas. Contar mi experiencia y dejar un mensaje. Si a alguien le sirve, ya vale la pena”, sostuvo.
Resiliencia como forma de vida
Urteaga define su historia con una palabra: resiliencia.
“La vida sigue. Hay que adaptarse, intentar, equivocarse y seguir. No podemos quedarnos”, afirmó.
Emocionado, dejó en claro cuál es su objetivo en esta etapa.
“Todos tenemos que dejar un legado. Si lo mío puede ayudar a otros, acá estoy”.












