(por Nicolás Mario Tambascia)
Hablar de cebada en la Argentina es, casi sin excepciones, hablar de la provincia de Buenos Aires. Pero dentro de ese mapa productivo, el sudeste bonaerense se consolida como el corazón estratégico de un cultivo que combina volumen, calidad y una cultura productiva profundamente arraigada. Los datos de la campaña 2024/25 lo confirman con claridad: el 94% de la cebada vendida se originó en territorio bonaerense, con una concentración aún mayor en los partidos del sur, como Necochea, Tres Arroyos, Tandil, Coronel Dorrego y Lobería.
No se trata solo de geografía favorable. En esta región confluyen saber técnico, tradición agrícola y un entramado de productores, acopios y puertos que explican por qué la cebada —forrajera y cervecera— encuentra aquí su principal anclaje. Según registros del SIO Granos recopilados por la Bolsa de Comercio de Rosario, la comercialización total del ciclo 2024/25 alcanzó las 4,5 millones de toneladas, sobre una cosecha estimada en 4,80 millones.
El comportamiento comercial también revela rasgos propios de una región madura en la toma de decisiones. Casi el 40% de la mercadería se vendió antes del inicio de la campaña y más de la mitad se negoció durante su desarrollo, mostrando una combinación de previsión y lectura fina del mercado. Incluso el aumento significativo de operaciones con precio a fijar, que alcanzaron el 42% del total —el doble del promedio histórico— refleja un productor que busca flexibilidad frente a la volatilidad, pero sin desprenderse de la mercadería.
El sudeste bonaerense no solo produce: administra riesgo. La predominancia de contratos de compraventa, la fuerte presencia de entregas diferidas y el alto porcentaje de pagos contra entrega muestran una región con espalda productiva, pero también con cautela financiera. En cebada cervecera, además, se profundiza la relación directa con los compradores, que concentran la referencia de precios y premian la calidad lograda en estos suelos.
La mirada hacia la campaña 2025/26 refuerza esta centralidad. Con 3,2 millones de toneladas ya comercializadas —y más del 40% vendidas antes del inicio formal— el patrón se repite: previsibilidad, volumen y protagonismo. No es casual que estos anticipos vuelvan a tener como principal origen los mismos distritos del sudeste, que funcionan como termómetro de lo que vendrá para el resto del país.
En un contexto de incertidumbre macroeconómica y mercados internacionales cada vez más exigentes, la cebada vuelve a demostrar que el sudeste de la provincia de Buenos Aires no es solo una región productiva: es un pilar estratégico del agro argentino. Allí donde el clima, el suelo y la decisión empresaria se alinean, el cultivo encuentra no solo rendimiento, sino también rumbo.












