Hablar de Sergio “Oveja” Hernández es hablar de una de las figuras más importantes en la historia del deporte argentino. Campeón olímpico, subcampeón del mundo, conductor de la histórica Generación Dorada y referente absoluto del básquet internacional, el entrenador bahiense pasó por los estudios de Zoom Deportivo y dejó una charla profunda, emotiva y cargada de recuerdos, reflexiones y sentimientos.
La entrevista, realizada junto a Santiago Veira y el equipo de NecRadio, permitió recorrer no solo la trayectoria deportiva de Hernández, sino también su costado más humano, íntimamente ligado a Necochea, ciudad que considera parte esencial de su vida.

El origen de “Oveja”
La charla comenzó con una anécdota tan simple como entrañable: el origen de su histórico apodo. Hernández recordó sus veranos de la infancia en Necochea y aquellos años en Bahía Blanca, donde ya vivía prácticamente dentro de un club.
“Yo tenía el pelo tipo afro. Uno de los chicos de la escuelita me dijo que parecía una oveja y quedó para siempre”, contó entre risas.
Con humor, reconoció que hoy cuesta imaginarlo con aquellos rulos que dieron nacimiento al apodo que terminó acompañándolo toda su carrera.
La Generación Dorada y el milagro argentino
Consultado sobre aquella histórica camada de jugadores que revolucionó el básquet argentino, Hernández aseguró que nunca hay que descartar que Argentina vuelva a producir otra generación extraordinaria.
“Argentina es un país milagroso. Con toda la falta de estructura deportiva que tenemos, seguimos sacando campeones del mundo, figuras internacionales y deportistas únicos”, reflexionó.
El entrenador destacó el rol fundamental de los clubes como sostén absoluto del deporte nacional y mencionó ejemplos emblemáticos de distintas disciplinas: Lionel Messi, Diego Maradona, Luciana Aymar, Hugo Porta, Los Pumas, Las Leonas y la propia Generación Dorada.
Para Hernández, lo ocurrido con aquel equipo no fue casualidad, aunque sí confluyeron factores irrepetibles: la creación de la Liga Nacional, el crecimiento internacional de los jugadores argentinos y una camada excepcional encabezada por Emanuel Ginóbili, Luis Scola, Andrés Nocioni y Fabricio Oberto.
El partido ante Serbia y el abrazo de Scola
Uno de los momentos más emotivos de la charla llegó cuando recordó la histórica victoria ante Serbia en el Mundial 2019, quizás uno de los triunfos más impactantes del básquet argentino moderno.
“Serbia era el gran candidato. Tenían figuras NBA por todos lados y nosotros estábamos jugando un torneo increíble”, recordó.
Hernández contó que, tras el final del partido, se quedó sentado en el banco invadido por la emoción mientras intentaba tomar dimensión de lo conseguido. Fue entonces cuando apareció Luis Scola.
“Vino, me levantó y me dijo: ‘Vamos, no es tiempo de llorar. Todavía falta’. Él entendía que el equipo tenía que seguir enfocado”, relató.
La escena terminó convirtiéndose en una de las imágenes más recordadas de aquel Mundial.
Los tiempos muertos y la relación con sus jugadores
Durante la entrevista también surgió uno de los aspectos más característicos de Hernández como entrenador: sus tiempos muertos y las famosas charlas técnicas que muchas veces se viralizaron.
El entrenador reconoció que siempre le sorprendió el interés de la gente por esos momentos, aunque explicó que detrás de cada intervención existía una intención concreta.
“Muchas veces el minuto no era para retar. A veces era justamente para no romper algo que estaba funcionando perfecto”, explicó.
Incluso recordó un partido olímpico ante Lituania en Beijing donde decidió no decir absolutamente nada durante un tiempo muerto porque sentía que el equipo estaba jugando de manera perfecta.
Kobe Bryant y un gesto inolvidable
Otro de los relatos que dejó impactados a todos fue la historia con Kobe Bryant durante los Juegos Olímpicos de Beijing.
Hernández recordó que había compartido una breve charla con la estrella de la NBA un año antes, durante un torneo en Las Vegas. Allí le contó que tenía hijos fanáticos de Kobe.
Un año más tarde, tras un partido olímpico ante Estados Unidos, Bryant apareció varias veces en el vestuario argentino buscándolo. Como no lo encontró, dejó de regalo un par de zapatillas firmadas para cada uno de sus hijos.
“Era un tipo especial. Sabía perfectamente lo que generaba en la gente”, afirmó.
Manu Ginóbili: “Nunca vi algo igual”
Cuando surgió el nombre de Emanuel Ginóbili, Hernández fue contundente.
“Manu no tenía techo”, afirmó.
El entrenador explicó que el bahiense combinaba talento, inteligencia, capacidad física y una mentalidad única, pero además destacaba por algo poco habitual: el altruismo absoluto dentro de un deporte profesional.
“Jamás lo escuché hacer un reclamo egoísta. Siempre hacía lo que el equipo necesitaba”, señaló.
“Necochea es la ciudad de mi felicidad”
Sin embargo, el tramo más emotivo de toda la entrevista llegó cuando Hernández habló de Necochea.
Con absoluta sinceridad, confesó que la ciudad ocupa un lugar único en su vida emocional.
“Necochea es la ciudad de mi felicidad”, dijo.
Recordó aquellos veranos eternos de infancia, las caminatas por la playa, el Parque Miguel Lillo, los cafés tradicionales y la libertad absoluta que sentía cada vez que llegaba a la ciudad.
“Acá nunca tuve obligaciones. No había colegio, no había problemas, no había discusiones. Todo era felicidad”, expresó.
Incluso contó que, durante muchos años, cuando viajaba desde Mar del Plata hacia Bahía Blanca, desviaba el camino únicamente para entrar unos minutos a Necochea, recorrer la ciudad y volver a la ruta.
“Cada vez que entro por la diagonal se me dibuja una sonrisa automáticamente”, confesó.
Presente en Flamengo y una vida ligada al básquet
Actualmente, Hernández continúa trabajando en Flamengo de Brasil, una de las instituciones deportivas más importantes del continente.
Allí sigue desarrollando su carrera, aunque reconoce las diferencias culturales y la enorme exigencia que implica dirigir en un club con millones de fanáticos.
Aun así, el básquet sigue siendo para él una pasión intacta.
Antes de despedirse, dejó una reflexión que resume buena parte de su historia: la importancia del deporte como herramienta de vida, formación y comunidad.
Y mientras hablaba de Necochea, del básquet y de sus recuerdos, quedó claro que detrás del entrenador multicampeón sigue estando aquel chico de pelo enrulado que encontraba en esta ciudad el lugar más feliz del mundo.











