En conversación con “Esta Mañana”, Mónica Knudsen confirmó algo que sorprendió a muchos: después de 13 años como instructora y referente de Zumba en Necochea, decidió cerrar un ciclo que marcó a cientos de personas. Con la emoción a flor de piel, pero firme en su convicción, habló de su camino, de la comunidad que construyó y del lugar que la actividad tuvo en su vida.

Mónica recordó que fue la primera instructora de Zumba en la ciudad, llegando en 2013 con una propuesta disruptiva para el ambiente del fitness local. “Veníamos de clases aeróbicas muy estructuradas; Zumba fue una fiesta permanente”, dijo, destacando que la disciplina permitió romper moldes con su mezcla de ritmos y su carácter inclusivo: participaron hombres, mujeres, personas con movilidad reducida y hasta tres generaciones de una misma familia en una misma clase.
A lo largo de su carrera, llegó a tener clases masivas de más de 70 personas. Esa comunidad le devolvió afecto: “Me hicieron un cuaderno donde cada una escribió lo que significaba la clase. Eso no me lo olvido más”, recordó emocionada.
También resaltó su rol social. Con Zumba organizó eventos solidarios, apoyó causas locales, llevó alegría a aniversarios de Necochea y trabajó con instituciones como las Termas del Campo. “Ayudar hace bien. Es orgánico”, definió.
Knudsen reconoció que la pandemia fue un punto de inflexión: pasó de clases multitudinarias a grupos de diez personas. Allí comprendió que debía abrir otra etapa y agradeció especialmente el apoyo de su familia, en especial de su esposo: “Cuando uno está decidido y siente que tiene algo para dar, va por ahí.”
Aseguró que no es un adiós definitivo: ahora se está volcando al stretching, su última capacitación. “Me retiro feliz, agradecida y sabiendo que hay ciclos. No es un hasta siempre, es un hasta luego”, dijo antes de despedirse con la energía que siempre la caracterizó.












