En las últimas horas, se produjo un hecho de inédita gravedad en un juicio por jurados. Fue en un debate en el cual se absolvió a un hombre acusado de haber abusado de sus dos hijas.
El imputado, que había permanecido dos años tras las rejas por la preventiva de un Juez de Garantías, celebró el fallo junto a sus abogados en la sala de audiencia del quinto piso de Tribunales. No era para menos, si era encontrado culpable la pena hubiese sido de entre 10 y 15 años de cárcel. Esa misma tarde recuperó la libertad.

Como se sabe, la palabra del jurado popular es la única y última en un caso judicial. No hay apelaciones. La historia termina cuando 12 ciudadanos emiten su opinión sobre el juzgado.
Sin embargo, el delicado caso que hoy revela Bahía Indiscreta, podría poner todo en revisión por un hecho sin precedentes, al menos en nuestra ciudad.
En la tarde del jueves 16 de mayo, J.P. fue absuelto de los delitos por los que había llegado acusado: abuso sexual gravemente ultrajante y doblemente agravado por el vínculo en perjuicio de dos menores de edad.
Con J.P. ya egresado de la cárcel de Saavedra y gozando libertad plena, sucedió algo inesperado.
Quien había integrado el jurado el día anterior se presentó ante la Justicia y declaró que el juicio que había terminado en absolución “había estado arreglado”. Los funcionarios judiciales que escuchaban semejante confesión quedaron pasmados. Inmediatamente ordenaron tomarle una declaración bajo juramento.
En esa denuncia, firmada el mediodía del viernes 17, el hombre explicó lo sucedido: “En el juicio de ayer hubo una irregularidad y yo no podía quedarme tranquilo con esto”.
Mientras repetía que tenía remordimiento de conciencia, explicó lo sucedido: “Cuando deliberamos e íbamos exponiendo, cada uno explicó cual era su criterio respecto de si era culpable o inocente; uno de los integrantes del jurado comenzó a decir que él conocía a la madre de las víctimas. Y que era tóxica y manipuladora. Que esa mujer era capaz de influenciar en las víctimas para que digan lo que dijeron. Y a cada rato repetía que no les creía a las nenas”.
En otro tramo de su relato, el testigo ahondó en detalles. Describió cómo aquel jurado siguió “blanqueando” su vínculo con el acusado: “Dijo que su padre y el del acusado navegaban juntos. Y también dijo que conocía a las nenas (víctimas) y que siempre las veía muy bien arregladas y vestidas yendo a la escuela de la mano de su papá. Que ellas lo querían mucho a su papá”.
El integrante del jurado explicó que no se animó a denunciar la situación antes del veredicto porque, sencillamente, no sabía cómo hacerlo. “No lo dije en el momento porque no sabía cómo hacerlo. No sabía a quién comunicárselo. Me prohibieron hablar con la gente y con el fiscal, yo no sabía cómo se denunciaba esto. En un momento hablamos con el secretario del Tribunal para preguntarle cómo llenar la planilla. Me explicó que no le podíamos decir nada, que él no podía saber nada de la deliberación. Entonces no sabía si le podía decir a él que había escuchado esto. Lo comunico ahora porque entiendo que esto tiene que ser transparente”, cerró.
Esta declaración esta semana será una brasa caliente en tribunales. El fiscal del juicio, Marcelo Romero Jardín, es una obviedad que pedirá la nulidad del juicio. A la que se sumará el abogado querellante. Los defensores, irán en sentido contrario, argumentado que ya es caso juzgado y cerrado.
Según averiguó esta sección, en la previa al inicio del juicio y en el momento en el que se entrevista a quienes formarán parte, el jurado (¿infiltrado o comprado?) dijo que a los protagonistas del juicio “los conocía del barrio como a tanta gente”, pero aclaró que eso no le impedía ser imparcial. Y quedó seleccionado como juzgador.
La decisión final sobre cómo sigue esta historia estará en manos del juez Hugo Adrián De Rosa. Al menos en una primera instancia, podría realizar un nuevo juicio (si es que aparece el acusado) o hacer consultas ante la Cámara o la Corte.
Como en las películas.
Mientras tanto, la fiscal Marina Lara comenzará a instruir una causa para determinar si el “tendencioso” jurado cometió delito al influenciar y manipular a sus colegas para lograr su objetivo: la absolución del acusado.












