En una charla radial a través de NECRADIO 98.3 del multimedios NQ, en el programa “Esta Mañana” que conducen Federico Cañadas y Mario Tambascia, la doctora Emilia Petrarca, joven médica clínica de 38 años, despliega una visión apasionada y humana de la medicina, reivindicando el rol del “médico de cabecera” como un faro en la salud de las personas.
La doctora, quien estudió en la Universidad del Salvador y se especializó en clínica médica tras una inicial inclinación por la dermatología, describe su especialidad como “el pediatra del adulto”, un “coordinador de la salud” que integra las diversas dolencias de sus pacientes, actuando como un nexo crucial entre el paciente y los diferentes especialistas. “Yo lo que intento es estudiar los pacientes y derivarlos con el diagnóstico lo más aproximado posible”, explica, subrayando la importancia de revalorizar el trabajo del médico clínico como un eslabón fundamental en el sistema de salud.
La pandemia de COVID-19 la consolidó como un pilar para sus pacientes. “Yo traté de no dejar a nadie solo, porque era un momento muy difícil y de angustia”, recuerda, describiendo cómo atendía consultas por teléfono y videollamadas, convirtiéndose en un salvavidas para aquellos que no sabían a quién recurrir. Esta entrega incondicional generó una renovada valoración de la figura del médico de cabecera, con muchos pacientes buscando activamente un profesional que los oriente y guíe en sus inquietudes de salud.

Por otra parte, la doctora Petrarca no evade los desafíos de la era digital, abordando el fenómeno del autodiagnóstico a través de internet y las redes sociales. “Hay tanta información que se consume y por ahí no se chequea de dónde es la fuente”, advierte. Con ejemplos cotidianos, Emilia enfatiza la peligrosidad de la automedicación y la importancia de un consejo médico profesional. “Hay que saber qué, para quién y para qué”, sentencia, alertando sobre los riesgos de enmascarar síntomas con analgésicos sin una evaluación adecuada, lo que en casos extremos puede derivar en cuadros graves.
Pero más allá de la pericia técnica, la doctora Petrarca destaca la dimensión humana de la medicina. Con una sensibilidad a flor de piel, confiesa haber llorado con pacientes al dar diagnósticos difíciles. “Es durísimo… Genera que el paciente quede nublado, yo creo que no escucha más nada de todo lo que uno dice. Entonces por ahí cuenta más que la explicación, un abrazo, un ‘te voy a acompañar'”. Esta empatía genuina es, para Emilia, un componente esencial de su profesión, un legado que se resiste a diluirse en la frialdad de la tecnología.












