Rafael Mugica Lázaro, responsable del Camping Miguel Lillo, habló en Cerrando la Mañana sobre la próxima temporada, el impacto del trágico femicidio ocurrido dentro del predio meses atrás, las nuevas tendencias del turismo y los desafíos que plantea la economía actual para un sector que depende del clima, de los costos y del humor social.

El episodio de violencia de género que se convirtió en noticia nacional marcó un punto de quiebre. No solo por la magnitud del hecho, sino por la forma en la que se manejó internamente. Según relató, el camping activó su protocolo, trabajó junto a la Comisaría de la Mujer y aportó pruebas claves gracias a las 35 cámaras distribuidas en el predio. Mugica aseguró que nada pudo haberse evitado por completo, pero sí quedó demostrado el nivel de control y seguimiento dentro del lugar. Esa misma exposición inesperada derivó, paradójicamente, en un impulso de visibilidad: muchos visitantes que luego llegaron al camping dijeron haberlo conocido por las imágenes difundidas.
El empresario describió un fenómeno que se repite cada verano: la violencia de género y los conflictos entre acampantes aumentan año tras año. Asegura que la gente llega con una carga emocional muy fuerte, incapaz de desconectarse. Peleas por música, humo de parrillas, disputas entre familias históricas; tensiones que antes no eran habituales y que hoy exigen un manejo casi permanente de contención.
Sobre la temporada, Mugica reconoció que venía con dudas hasta el último fin de semana largo, que dejó un saldo alentador. Llegaron familias nuevas, muchas con camionetas o motorhome de alta gama, un público más exigente que se mostró dispuesto a elegir Necochea por el entorno natural, la seguridad del predio y la piscina del complejo. Aun así, señaló que la recuperación económica es desigual: mientras un segmento de turistas ya volvió a viajar, el acampante tradicional sigue resentido por el costo del combustible, que hoy es el principal factor que define si un visitante puede llegar o no a la ciudad.
El camping elaboró promociones según cantidad de días y tamaño del grupo familiar, y mantiene un perfil claro: un espacio estrictamente familiar, con colonia de vacaciones gratuita, vigilancia, servicios completos y un entorno pensado para evitar conflictos. Mugica explicó que incluso eliminaron el histórico sector para adolescentes porque era la zona de mayor conflictividad.
La estadía promedio cayó a 2,7 noches en la última temporada, un número muy bajo respecto a los cinco o seis días de una década atrás. La gente viaja menos, gasta menos y se mueve menos dentro de la ciudad. Por eso el camping busca ofrecer todo dentro del predio: servicios, actividades y comodidades que eviten trasladarse, sobre todo en un contexto de precios altos y rutas complicadas.
Mugica contó que, ante la caída de visitantes tradicionales, tomó la decisión de llamar personalmente a clientes que no regresaban hacía dos años. En la mayoría de los casos, la respuesta fue la misma: cuestiones económicas o problemas de traslado. Ninguna queja sobre el servicio. Para él, quedó claro que el bolsillo es la variable determinante.
El empresario también se refirió al rol del camping dentro de la ciudad. Destacó la importancia de nuevas inversiones en el frente costero, el casino, el parque y el desarrollo del sector de Jardines de Roca. Sostuvo que la imagen urbana mejoró y que el destino necesita seguir creciendo con planificación, infraestructura e intervenciones que acompañen al turismo. También subrayó decisiones propias que van en ese sentido, como haber llevado cloacas y gas natural al predio, un esfuerzo privado en zonas donde estos servicios no llegaban.
Sobre tarifas, adelantó que el aumento será moderado, entre 20 y 25%. Acampar costará 12.500 pesos por persona, un valor que incluye servicios que en otros puntos de la costa no existen y que, según Mugica, resulta accesible para sostener volumen y no perder familias que viajan con presupuesto ajustado.
Cerró con un mensaje que sintetiza su mirada: cada visitante que llega al camping mueve la economía local. Compra comida, consume gastronomía, recorre comercios, carga combustible. El turismo derrama, y por eso considera esencial que toda la ciudad tire para el mismo lado, cuidando su imagen, su infraestructura y el ambiente natural que convierte a Necochea en un destino único.












