Aunque Necochea convive con el mar y un río imponente, una parte de su vida náutica permanece casi invisible para buena parte de la comunidad. En la margen de Quequén, desde hace 35 años, funciona la Agrupación de Navegación a Vela Vito Dumas, un club pequeño, sin personal y sostenido exclusivamente por el trabajo de sus socios, que hoy cuenta con 17 veleros oceánicos y una actividad creciente. Su presidente, Juan Emilio Spinelli, lo resumió con claridad: “Somos amigos que navegamos, y el club está abierto a todo el que quiera sumarse”.

Spinelli, abogado y navegante desde hace cuatro décadas, contó que descubrió la vela recién al mudarse a Necochea. Un amigo lo llevó al curso de timonel y desde ese día —según sus palabras— encontró una pasión. Ese mismo curso hoy se dicta en el club: dura dos a tres meses, se cursa dos veces por semana y es casi íntegramente práctico. Con esa habilitación, cualquier persona puede armar un velero, izar las velas, navegar por el antepuerto y despachar embarcaciones entre Punta Negra y Arenas Verdes con el aval de Prefectura. El nivel superior, patrón, también se dicta en la institución.
El club y su dinámica son simples y accesibles. La cuota es de 10 mil pesos, no es necesario tener embarcación propia, y hasta se puede alquilar el velero escuela una vez aprobado el curso. También está la alternativa más común entre navegantes: compartir la propiedad de un velero entre amigos. Los valores sorprenden: según Spinelli, la mayoría de los cascos del club ronda entre los 10 y 15 mil dólares, muchas veces divididos entre tres o cuatro socios. “Termina siendo una inversión accesible. Y es la mejor terapia: te subís y te olvidás de todo”, afirmó.
La experiencia de navegar a vela —sólo con viento, sin motor, sin ruidos— aparece como un mundo aparte. Desde cruzarse con delfines y ballenas hasta ver Necochea iluminada desde el mar, cenar en cubierta al atardecer o atravesar noches enteras timoneando bajo luna llena. Spinelli relató travesías de 70 horas entre Olivos y Necochea, y explicó cómo se navega en guardias rotativas durante la noche. “Es serenidad pura. Una conexión difícil de explicar”, dijo.
Más allá del mar, el club sostiene una vida social intensa: un asador amplio, parrillas, un salón para eventos, y sobre todo un espíritu de camaradería. Y trabaja activamente para abrir la náutica a la comunidad. Los navegantes organizan regatas con el Club Náutico Necochea, entrenamientos conjuntos, cursos y actividades para principiantes. Para diciembre preparan una jornada especial: una salida en “conserva” —todos los veleros juntos— para ofrecer un bautismo de navegación a personas que nunca subieron a una embarcación. Dos o tres horas, condiciones seguras y el primer contacto con una actividad que, según repiten, no es elitista ni inaccesible.
“El club siempre está abierto. Si alguien quiere conocer, que se acerque. Si quiere navegar, siempre va a haber un socio dispuesto a invitarlo”, aseguró Spinelli, que termina este verano su ciclo como presidente. Y dejó una reflexión que resume el espíritu de Vito Dumas: “Tenemos el mar y el río enfrente, pero todavía vivimos de espaldas a ellos. Hay todo un mundo para descubrir”.












