En uno de los puntos más singulares del frente costero local, comenzó a tomar forma la restauración integral del mural “Reflejos”, una obra emblemática ubicada en la escollera de Necochea y declarada patrimonio cultural de la Nación. El trabajo se desarrolla a más de mil metros mar adentro, en un entorno tan imponente como exigente, y representa una intervención clave para preservar una pieza artística única en el país.
La tarea está a cargo de un equipo de artistas visuales locales, coordinados por Hernán Ricaldoni, y se lleva adelante bajo la responsabilidad del Consorcio de Gestión de Puerto Quequén. Se trata de una restauración largamente esperada: hacía más de cinco años que el mural no recibía una intervención de esta magnitud, lo que derivó en un deterioro avanzado producto del sol, el viento salino y las condiciones climáticas extremas del lugar.
La obra, realizada originalmente tras un concurso ganado en 2008 por la artista Jacqueline Abraham, tiene una extensión aproximada de 190 metros de largo por más de cinco metros de alto. El proceso actual respeta estrictamente los lineamientos técnicos y estéticos definidos por su creadora, con el objetivo de recuperar colores, texturas y sentido original sin alterar su identidad. Según explicó Ricaldoni, el plazo estimado de trabajo supera los 35 días y se extenderá, si el clima lo permite, hasta mediados de febrero.
El factor climático es determinante en cada jornada. “Dependemos del sol, del viento y de la lluvia. Hay días ideales como hoy y otros en los que es imposible avanzar”, explicó el artista. Aun así, el equipo ya comenzó a aplicar color en distintos sectores, lo que permite apreciar cambios visibles y renueva el entusiasmo de quienes participan del proyecto y de quienes recorren la escollera.
Más allá del valor artístico, la restauración de “Reflejos” tiene un fuerte impacto cultural y social. Por un lado, reafirma la importancia de cuidar el patrimonio público; por otro, genera trabajo genuino y especializado para artistas visuales de la ciudad, fortaleciendo la profesionalización del sector. Además, por su ubicación excepcional —un mural emplazado mar adentro—, la obra constituye un atractivo singular para residentes y visitantes, consolidándose como una de las postales más distintivas de Necochea.
Con esta intervención, el mural vuelve a ponerse en valor y se proyecta nuevamente como símbolo de identidad, arte y paisaje, en un punto donde el océano, el puerto y la cultura se encuentran.












